En un ambiente de recogimiento, simbolismo y profunda fe, la comunidad católica se congregó la noche del sábado en el Convento de Fátima, perteneciente a la Orden de Predicadores, con los frailes dominicos, en la ciudad de León, Guanajuato para celebrar la tradicional Vigilia Pascual, considerada la liturgia más importante del calendario cristiano.
La ceremonia, que se prolongó por varias horas, inició en la oscuridad del templo, evocando el silencio del sepulcro. Con el encendido del cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado, la luz fue compartida entre los asistentes, marcando el paso de las tinieblas a la esperanza.
Durante la Liturgia de la Palabra, se proclamó el pasaje del Evangelio según San Mateo (16, 1-8), en el que se narra el momento en que María Magdalena y la otra María descubren que el sepulcro está vacío. El texto describe un fuerte terremoto, la aparición de un ángel que remueve la piedra y anuncia: “No está aquí, pues ha resucitado”. Este mensaje fue el eje central de la homilía, donde se subrayó el significado de la resurrección como triunfo de la vida sobre la muerte.
El celebrante, Fray Leobardo Sierra Villafaña, Prior del Convento de Fátima, destacó que, así como las mujeres del Evangelio experimentaron temor y alegría al mismo tiempo, los fieles están llamados hoy a vivir una fe activa, que anuncie esperanza en medio de las dificultades cotidianas.
Informen a todos, su familia, amigos y a los ausentes que ¡Cristo ha Resucitado! dijo Fray Leobardo Sierra Villafaña a los presentes; ¡Aleluya! contestaron todos.
Posteriormente, se llevó a cabo la renovación de las promesas bautismales y la bendición del agua, ritos que simbolizan la renovación espiritual de los creyentes. La misa concluyó con cantos festivos que celebraban la resurrección de Jesucristo, momento en el que el templo, ya completamente iluminado, reflejaba el sentido de júbilo propio de la Pascua.
La Vigilia Pascual en León reunió a familias, jóvenes y adultos mayores que, entre oraciones y cantos, participaron en una de las celebraciones más significativas de la fe cristiana, reafirmando la creencia en la resurrección de Cristo como fundamento de su esperanza.










